En el marco de la celebración del Día de la Música Chilena, el cantautor Sebastián Barrientos compartió con estudiantes del taller de música en una clase abierta guiada por el profesor Juan Pablo Díaz. Entre canción y canción, los y las estudiantes le preguntaron por su camino en la música, sus referentes, sus discos y cómo enfrenta los nervios sobre el escenario. Te contamos lo que fue saliendo en esta conversación.
Sebastián estudió Composición y Arreglos Instrumentales en la Escuela Moderna de Música de Viña del Mar, una carrera de cinco años que incluye piano, armonía, composición y arreglos. «Es cuando uno viste las canciones: cada sonido, cada nota, está pensada y está escrita», explicó. Luego estudió Pedagogía en Música y hace doce años trabaja como profesor, siempre en paralelo con su carrera de cantautor.
Juan Pablo Díaz: ¿Cómo aborda la composición?
No tengo una fórmula. A veces empiezo con una idea en la guitarra, me gusta el ritmo o la atmósfera y la desarrollo. Otras veces parte de un concepto o de una melodía que apareció. Esa es la chispa inicial; todo lo que viene después es un trabajo arduo. Mi profesor de composición me decía que componer es como buscar un diamante en una gran roca: hay que picar y picar hasta encontrarlo. Al principio aparece algo medio raro y se van puliendo los bordes hasta que aparece una canción.
No es necesario tener grandes conocimientos técnicos. Uno puede conocer dos o tres acordes y con eso hacer una canción; está en el querer decir algo. Yo no soy muy bueno para hablar de mis emociones y la música es la herramienta que me permite sacar esas cosas que tengo adentro y que no sé expresar de otra manera.
Estudiante: ¿Qué lo motivó a sacar su segundo disco y a seguir componiendo?
Me he preguntado qué haría si no hubiese sido músico y no tengo idea. Lo paso muy bien haciendo música y siento que ahí entrego mi mejor versión. Mi primer disco salió en 2022 y lo empecé en pandemia, cuando trabajaba en el Teatro del Lago y hacía clases online desde la casa. Era una deuda que tenía conmigo mismo. Pensaba: si me pasa algo, tengo toda esta música y nadie la puede escuchar. Además tengo un hijo y sentí que ese disco era un legado para él.
Después pasaron cuatro años sin lanzar música, así que postulé a un Fondart. En este segundo disco incorporé a mi banda, bajo, un ensamble de percusiones, viola y coro. Las canciones crecieron un montón y todo ese proceso me da una razón para seguir haciendo cosas. Siento que es mi deber como artista.
Estudiante: ¿Por qué estudió pedagogía?
Como músico, compositor y arreglador hay maneras de vivir, pero no es fácil. Podría haberme dedicado al cine, los videojuegos o los podcasts, pero lo que me gustaba era cantar y tocar mi música. La pedagogía me ha permitido tener un sustento, mantener a mi familia y ejercer mi carrera como cantautor. Hay muchas personas que, al decirle a sus padres que querían ser músicos, escucharon «te vas a morir de hambre». Eso no es real. El que quiere puede, solo hay que saber hacerse el camino, con trabajo y tiempo. Es una carrera que madura: hoy me siento distinto que el año pasado y cada concierto y cada músico con quien te encuentras te agrega una pieza más.
Estudiante: ¿Con qué edades trabaja?
He pasado por todo. Hoy trabajo hace tres años en un colegio, con niños desde medio mayor hasta tercero básico. Antes estuve en la escuela de artes del Teatro del Lago y en Santiago, con estudiantes de tercero básico a tercero medio, y en teatro trabajé desde segundo básico hasta adultos mayores. También hago clases en una escuela de música donde tengo un alumno de 70 años.
Estudiante: ¿Qué consejo le daría a alguien de nuestra edad que está empezando a componer y no sabe si seguir?
Que siga haciéndolo. Componer no significa que te tengas que dedicar a eso el resto de tu vida, pero es una herramienta increíble, ya sea de manera profesional o aficionada. Te da un medio de expresión que te permite liberar tensiones y sacar emociones trabadas. Yo tenía un perrito, el Inti, y cuando falleció tenía una pena tremenda que no sabía cómo sacarme. Le hice una canción y fue como tomar toda esa pena y depositarla en algo. Me sentí aliviado. No es solo algo bonito: es una verdadera herramienta para la vida.
Estudiante: ¿Cuáles son sus referentes?
Los grandes próceres, Violeta Parra y Víctor Jara. También me gusta mucho Inti-Illimani, Lucio Mantel, Lisandro, Lili Molina, Manuel García y José González, cantautores con un trabajo profundo. Musicalmente, uno de mis compositores favoritos es Astor Piazzolla, que revolucionó el tango y tiene una capacidad de transmitir emociones que me vuela la cabeza.
Estudiante: ¿Alguna colaboración soñada?
No lo he pensado mucho. He tenido la suerte de colaborar con Chinoy y Seba Gallardo, entre otros. Yendo a lo internacional, quizás con José González.
Estudiante: ¿Qué canción lo ha marcado más?
Creo que la que le hice a mi perrito, porque viví lo importante que puede ser la música para uno como persona. Ahí entendí que la música es potente y poderosa. Además, una alumna que había perdido a su papá me contó que esa canción la ayudó a vivir su proceso de pérdida. Quizás no es la que más me gusta ni la que más toco, pero marcó un antes y un después en mi forma de entender la música.
Estudiante: ¿Nos puede contar el trasfondo de alguna canción?
«Herederos» nace de la idea de que todos somos herederos de lo que ha pasado antes: la historia, el conocimiento y la sabiduría ancestral. ¿Qué hemos hecho con todo eso? ¿Lo estamos usando bien? El coro habla de eso, de que hemos ganado tanto conocimiento y seguimos cayendo en los mismos problemas.
Juan Pablo Díaz: ¿Cómo ha sido la autogestión y producción de tus discos?
Han sido procesos muy distintos. El primero lo hice en pandemia, en mi casa. Toco guitarra, bajo, flauta y percusiones, así que fue un trabajo largo y solitario, encerrado en mi estudio probando arreglos. A veces tenía cosas listas que no me gustaban y empezaba de nuevo. Me costó prácticamente cero pesos y lo hice con amigos que me apañaron tocando, por ejemplo, saxofón.
El segundo fue con un Fondart, que tiene un presupuesto limitado y una competencia feroz entre los mismos músicos. Fue un trabajo de estudio, profesional y con límite de tiempo: tuve cinco días para grabar todo, del 14 al 18 de julio. Los meses anteriores fueron de pensar qué diez canciones usar, cómo grabarlas y escribir muchas partituras para los músicos con los que siempre trabajo. Después vienen la mezcla, para que todo suene ensamblado, y la masterización, que deja el disco listo para radio y plataformas. Es mucha gestión, pero es un trabajo muy bonito.
Juan Pablo Díaz: ¿Tienes fecha de lanzamiento?
Lo más probable es que salga entre febrero y marzo, con un par de singles antes. El proyecto incluye la campaña de difusión y la producción de CD; una vez que eso esté armado recién pensaré en un lanzamiento en vivo.
Estudiante: ¿Le costó tomar la decisión de dedicarse a la música?
Empecé a componer en tercero medio, enamorado de una compañera que tocaba guitarra. Un día le toqué una canción y me di cuenta de que tenía una habilidad. Hice miles de canciones horribles. Igual me costó: entré a estudiar Administración de Empresas y no tenía ninguna motivación. Hablando con mi mamá, ella me dijo: «Seba, ¿por qué no estudias música si eso es lo que quieres?». Ahí recién lo consideré una opción real y fue la mejor decisión que pude haber tomado. Le agradezco a mi madre por hacérmelo ver.
Juan Pablo Díaz: ¿Cómo manejas los nervios y el miedo a equivocarse?
Todo es un proceso. Con el tiempo uno va ganando confianza. En todas las presentaciones, en escenarios grandes o chicos, siempre hay nervios y uno va aprendiendo herramientas para manejarlos. El error siempre está y hay que aprender a gestionarlo; si no me equivocara, no aprendería. Es como una turbulencia en un vuelo: lo importante es salir volando bien. La música en vivo la hace un ser humano y no tiene por qué ser perfecta. He sido telonero de Pedro Aznar y he tocado con Juan Quintero, y cada experiencia te va sumando puntitos de confianza. La gente que te escucha, por lo general, no está pendiente del error. La música que hago no se trata de ser perfecta, sino de expresar una idea. Entender el arte como expresión humana es aceptar que está propenso a imperfecciones, y eso está bien.
A lo largo de la clase, Sebastián fue interpretando algunas de sus canciones, entre ellas una de las primeras que compuso, en un encuentro que mezcló música en vivo con una conversación cercana sobre el oficio de crear. Le agradecemos tanto a Sebastián, como a Juan Pablo, por haber desarrollado este valioso encuentro.